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Carla Abejón Tamargo Escritora


martes, 1 de marzo de 2011

Capítulo 1: El gato

 Capítulo 1: El gato


El maullido de un estúpido gato le mantuvo despierto toda la noche; había sido una fría noche de finales de marzo y le había resultado eterna. Estaba cansado, y trataba de hacer múltiples esfuerzos para conciliar el sueño, aunque sabía perfectamente que no lo lograría por mucho que lo intentase y desease con todas sus fuerzas. Sus horas de sueño apenas llegaban a ser dos, y se encontraba terriblemente agotado. El día de ayer había sido extremadamente duro, había tenido que planificar la cacería, un trabajo duro y sofocante sin duda, pero ahora ya estaba todo terminado y merecería la pena.
Cuatro largos meses de trabajo duro, a penas sin descansos, murmuró, merecerá la pena… – hizo una breve pausa y sonrió maliciosamente – Sí, merecerá la pena, por supuesto que lo hará.
La campana de palacio sonó como hacía cada mañana. Por alguna razón esta vez el sonido le resultó mucho más agudo y profundo, y no quería levantarse a pesar de que estaba despierto, y completamente desvelado. Ansiaba seguir acurrucado entre las sábanas negras, disfrutando de la tenue luz que atravesaba los cristales de la ventana aún cerrada. Apoyó la cabeza de nuevo sobre la mullida almohada y suspiró profundamente echando los brazos hacia atrás. Meneó la cabeza a ambos lados y murmuró de nuevo:
-          - Ya queda menos.
Su sonrisa se ensanchó aún más, y dejo entrever una ligera sensación de odio.
Miró hacia el techo de cristal, lo había encargado hacer así para poder ver las estrellas cada noche, y las puestas de sol. Su habitación estaba situada en una de las cuatro torres del palacio, pero la suya era la única que tenía una cúpula de cristal en lo alto para poder ver el cielo estrellado cada medianoche.
Se levantó finalmente de entre las sábanas y miró a su alrededor. Una costumbre que tenía, para él era algo rutinario. Sus ojos se deslizaron por la habitación que estaba dividida en tres partes según sus exigencias. Sus exigencias y deseos eran órdenes para los criados se palacio. Primero, sus ojos se posaron sobre la cama deshecha, las sábanas negras ocupaban la superficie de esta dándole un toque siniestro, y pensó que sería mejor ocuparse de aquel desastre antes de que alguna de las criadas llegara para husmear. Sobre las paredes ensangrentadas había numerosas pinturas, todas ellas muy bellas. Parecían antiguas, y ya debían haber pasado bastantes siglos desde que fueron pintadas. Reliquias de otra época, seguramente. Colores oscuros se alternaban con los dorados y los bermellones en todas y cada una de las pinturas; en todas excepto en una. Esta última era un boceto de dos jóvenes, parecía estar inacabado, ya que había zonas sin pintar, y el claro oscuro no estaba bien definido en ninguno de sus aspectos. Por otro lado los rostros se mostraban inexpresivos, a pesar de que el dibujo infundía dolor, mucho dolor y sufrimiento.
 
El muchacho apartó fugazmente la mirada de ese cuadro.
Al otro extremo de la habitación se hallaba el vestidor, grande y oscuro, a juego con el resto del cuarto. El muchacho caminó hacia el armario. El suelo de madera crujía con cada paso. Agarró el pomo dorado y lo apretó fuertemente. La puerta se abrió y él entró en la estancia. Un lugar amplio y espacioso sin duda, por dentro las paredes eran luminosas y altas, pero esta vez un detalle no concordaba: esas paredes eran claras, pintadas en tonos beige, blancos, marfil, y cremas; adornadas con enormes espejos de marcos dorados, y estos a su vez ocultos por las prendas que permanecían impolutamente colgadas, y ordenadas por gamas de colores.
Tomó cuidadosamente una camiseta negra de entre cientos de prendas. La palpó suavemente con el índice y el pulgar, y el rostro se le iluminó.
-          - Seda…  – sus pupilas se oscurecieron – Bien.
A los pocos segundos, y tras haber revuelto sus atuendos, seleccionó unos vaqueros oscuros.
Salió del vestidor y cerró la puerta volviendo a apretar el pomo dorado innecesariamente.
Sonrió y recorrió la habitación hacia una puerta que hacia esquina con su librería de seis pisos. Esta vez, al abrirla no apretó el pomo, quizá porque este no era dorado. Entró en el aseo y comenzó a desvestirse. Ya se había quitado el pijama y la ropa interior cuando escuchó que llamaban a la puerta de su habitación.
-          - Inoportunos... – murmuró.
Agarró velozmente una toalla blanca que estaba colgada de la mampara de la ducha y se la ató a la cintura. Salió con desinterés del baño y abrió la puerta de la habitación que comunicaba con el exterior.
 Vacío. Allí no había nada, ni nadie.
Cerró la puerta y volvió a entrar en el baño. Antes de que le diera tiempo si quiera a quitarse a la toalla volvieron a llamar a la puerta. Corrió fuera, y volvió a abrir, pero tampoco había nadie allí esta vez.
¿Es esto una broma?, pensó.
Apretó los puños, y su mirada echó chispas.
Decidió esperar, esperar a que ese cobarde diera la cara. Repitió la misma operación, cerrando la puerta del baño para simular que había entrado dentro, y aguardó junto a la puerta.
Sucedió, alguien llamó a la puerta, pero esta vez no se escaparía. La puerta se abrió de golpe.
-          - ¡Te tengo! – gritó, pero la sorpresa se la llevó él – ¿Nico?, ¿Cómo se te ocurre llamar a la puerta y desaparecer?
El pequeño se rió.
-          - Lo siento hermano, me parecía divertido.
Su hermano le propino una colleja en la cabeza y le miró seriamente.
-          - No. No es divertido en absoluto.
-          - ¿Por qué no? Yo opino que sí lo es.
-          - Es molesto, Nico. Incordiar a los demás está mal.
-          - Bueno, a excepción de incordiar a los…  –  Su hermano mayor lo interrumpió.
-          - Sí Nico, esos detestables seres se lo merecen – Y sonrió maliciosamente, como solía hacer.
Su hermano pequeño sonrió de la misma manera.
-          - ¿Qué querías? – preguntó.
-          - ¿Quién, yo?
-          - No sé. Que yo sepa aquí sólo estamos tú y yo, y fuiste tú quién llamó a la puerta – dijo irónicamente.
-          - ¡Ah!, es verdad, padre ha regresado a palacio y quiere hablar con todos.
-          - ¿Ha de ser ahora?
-          - No. Pero a la hora de la comida quiere hablar contigo y con…  – Su hermano mayor volvió a interrumpirle.
-          - Sí. Entiendo. Estaré preparado.
-          - Se celebrará un banquete – Sentenció Nico.
-          - ¿Cómo dices? ¿A raíz de qué? – Preguntó su hermano mayor.
-          - Al parecer tenemos invitados. E invitadas – comunicó potenciando el énfasis en la palabra “invitadas”.
-          - Comprendo – Apretó los puños – Gracias, Nico.
-          - Adiós hermano.
La puerta ya estaba casi cerrada cuando las manos de Nico asomaron por ella abriéndola de nuevo.
-          - ¿Otra vez tú? ¿Qué ha ocurrido ahora?
-          - Nada.
-          - ¿Entonces? ¿Qué vienes a incordiar? - preguntó enfadado.


      Nico hizo una mueca de dolor.
Y miró a su hermano de arriba abajo. Estudió sus atuendos y dijo por fin:
-          - Sólo me estaba preguntando si… tal vez yo… ya sabes, había interrumpido algo… – comentó Nico pícaro.
Su hermano mayor se dio cuenta de lo que Nico se refería. Prefirió no entrar en los juegos de su hermano, y contestar astutamente:
-          - Sí. Una ducha matinal – Y cerró la puerta –.
Volvió a entrar en el baño, se desató la toalla, y se metió en la ducha.
El agua recorría todas las partes de su cuerpo, le caía por la frente, y le chorreaba por los mechones del cabello castaño claro. Se enjugó los ojos con agua templada para despejarse, y se enjabonó. Se aclaró delicadamente el pelo y el cuerpo, y se envolvió en una toalla limpia antes de salir.
-          - ¡Uf!…, que alivio.
Se secó bien el pelo primero con la toalla, y luego se aplicó la magia del secador. Se aplico una crema facial, y una loción para después de la ducha.
Salió del baño perfectamente arreglado e hizo la cama. Ordenó completamente la habitación. Ahora brillaba.
Perfecto, se dijo a sí mismo en voz alta.
Se encaminó hacia el enorme ventanal que ocupaba una de las seis paredes de la habitación y lo abrió para ventilar la estancia. Pocos minutos después un pequeño gato negro asomó su cabeza y dando un ágil salto penetró en la habitación.
El chico se acercó hasta el gato, y se arrodilló para acariciarlo. El gato pareció asustarse, y el pelo se le erizó. El muchacho acarició su negro pelaje y miró sus ojos: azules, como los suyos. Lo tomó entre sus brazos y siguió acariciándolo mientras se sentaba en un diván de color carmesí.
Miró al cielo y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-          - Un gato negro…, bien, hoy será un día espléndido.

Personajes de la novela



Los personajes de la novela son los siguientes:



Jasmine
Tiene 16 años, y repitió curso. Es una de las mejores amigas de Natsue. Es rubia, con el pelo ondulado hasta la cintura, ojos azules claros y penetrantes, pelo largo, tez clara. Todos los chicos de la clase están completamente embobados con ella, pero Jasmine sólo tiene ojos para uno: Johnny, al igual que a Natsue. Su amistad peligrará un poco pero tratarán de resolver los problemas. Muy sexy y prvocativa, la más guapa de las cuatro amigas. Le encanta la noche, la fiesta, los chicos, el sexo y el tonteo.

Natsue



Tiene 15 años. Es la protagonista, una chica muy sincera, dulce, apasionada, tranquila, estudiosa, y muy tímida. Pelo largo, liso y castaño oscuro, ojos negros, y mirada felina, tez color caramelo, es decir, morena. Le encanta leer, escribir novelas, dibujar, pintar, cantar, bailar, e ir al cine. Correrá un peligro de muerte cuando en el verano vaya a la casa de sus padres en un pueblo lejano. Descubrirá algo que no sabe a manos de varios chicos que conocerá, y a raíz de esto será perseguida por varios seres. Acaba enamorándose de uno de ellos, pero el chico sabe que su amor es imposible y está prohibido en el lugar del cual él viene. Tiene una hermana pequeña, y un hermano mayor.

Mélody
Tiene 15 años. Es la otra mejor amiga de Natsue. Pelo pelirrojo y largo, ondulado hasta las caderas, mirada felina de color esmeralda, tez clara, pues a penas toma el sol. Mélody es hija única, y es la chica rica y consentida del instituto. Algunos chicos encantadores se han interesado por ella, pero al conocer su personalidad, huyeron espantados; cuando Mélody pasa una semana en el pueblo de los padres de Natsue abre su corazón a un chico encantador. Es una chica fría, y calculadora, muy borde, odiada por muchas personas. Pija, cursi, glamourosa, y preocupada por su estilo. Siempre va a la moda. No le preocupa en absoluto hacerle daño a los demás con tal de obtener lo que desea.


Athenea
Tiene 15 años. Es otra de las mejores amigas de Natsue. Pelo castaño claro casi pelirrojo, y ojos de color celeste. Es apasionada, y soñadora. Le encanta leer, y aprender cosas nuevas. Salir con ella es tener la diversión asegurada. Va con Natsue a casi todas las clases excepto a las optativas; Athenea tiene tecnología, informática, y física. Su amistad experimentará un sobresalto, y se pondrá a prueba cuando ambas se enamoran del mismo chico. En ese momento ambas descubrirán si lo suyo era una amistad verdadera, o una amistad como otra cualquiera.




Norikko


Norikko es una estudiante japonesa que llega al instituto a mediados de curso. Al principio siempre estaba sola, pero su amistad con Gwendolyn la introdujo en el grupo. Tiene el pelo negro, largo y liso. Ojos negros, y tez clara. Una auténtica belleza de la cultura oriental. Muy tímida e introvertida. Cuidadosa, curiosa, cautelosa y tradicional. Se decanta por la sinceridad. Es en ocasiones, algo alocada, muy divertida. Magnífica estudiante. 





Gwendolyn:


















Estela




Es la hermana pequeña de Natsue. Se entrometerá varias veces en su vida privada, como una pequeña inocente. Tiene la tez muy clara, una sonrisa ancha y ojos color esmeralda. Es pelirroja, Natsue, se siente un bicho raro en su familia con una hermana tan hermosa.
Es una pequeña cotilla muy extrovertida y alegre.


Erick es un chico de 16 años casi 17. Tiene el pelo castaño claro con mechones más oscuros bastante largos, y los ojos azul celeste, la piel morena, y es alto con buen físico. Parece un chico duro, prepotente y pasota; es excesivamente guapo. Le encanta la música, y es el vocalista, el guitarrista, y el compositor de una banda de rock. Practica muchos deportes, entre ellos el fútbol, el boxeo, el esquí, y el surf. Debe cumplir una misión: asesinar al último ángel de la Tierra para ser coronado en su mundo; pero eso cambia cuando llega a la Tierra y Natsue se interpone en su camino, haciendo que su corazón palpite por primera vez en su vida.

Kurth

Kurth es un chico de 17 para 18 años. Es un año mayor que su hermano Erick. Kurth tiene el pelo rubio, y largo con algunos mechones más claros, la tez clara y los ojos azules-verdosos. Tiene buen físico, es alto, y apuesto. Le encanta el deporte, y practica baloncesto, natación y atletismo. Le gusta el teatro, y la cocina. Es un chico inteligente, callado, discreto, reservado, dulce y cariñoso. Pero sólo a primera vista, ya que cuando el viaja a la Tierra su fin es matar al último ángel, ya que su hermano rompe el juramento y no lo hace. Lo que no se llega a imaginar es que lo que parecía un juego tonto, y un engaño acabará siendo un amor profundo y apasionado, por el que los dos hermanos se enfrentarán en una lucha a muerte.


Nico

Es el hermano pequeño de Erick y Kurth. Su apariencia es la de un niño de 8 años. Es un niño muy agradable con los ojos azules-verdosos, la tez clara, y el pelo rubio. Es bastante inteligente, y molesto y entrometido en algunas ocasiones. 
A pesar de todo sus dos hermanos mayores le tienen un gran cariño.




Matthew, Matt

Un misterioso personaje que se cruzará en el camino de Natsue varias veces. Matt es un chico con el pelo revuelto, y con aspecto de duro, aunque su mirada azul como el hielo revela que es un chico encantador. Le revelará un dato de gran importancia para su supervivencia, aunque ella deberá deberle un favor a cambio.










Athos

Athos es un chico moreno, de pelo negro normalmente engominado y con los ojos de color jade que le desvelará a Natsue algo muy misterioso que ella jamás podría haber imaginado. Natsue descubre su ser, y Athos la anima a unirse a él, pero su amor con Erick y Kurth se lo impedirá.










Robin, Rob

Robin, Rob, es el mejor amigo de la infancia de Natsue, son compañeros de clase, y sigue siendo uno de sus mejores amigos. Es un chico muy creativo, con un montón de ideas geniales, y planes para el fin de semana. Le encanta disfrutar de la vida, pero su mayor pasión es tocar la guitarra, y cantar. Admira muchísimo la personalidad de su amiga Natsue. Sabe que es gay desde los 11 años.


Johnny

Johnny es el chico más guapo del instituto de Natsue y sus amigas. Tiene el pelo rubio y los ojos azul-grisáceo. Tiene 17 años. Acaba saliendo
 con Jasmine. Es un deportista, el capitán del equipo de fútbol. Natsue lleva enamorada de él 4 años. Todo cambia cuando ella conoce a Erick..., y a otros cinco chicos que le harán sufrir y tomar una difícil decisión.




Kevin


Es el hermano mayor de Natsue. Increíblemente guapo, es colega de Johnny y Leo. Kevin tiene el cabello castaño, largo ondulado, y revuelto sin peinar. Sus ojos grises azulados recuerdan mucho al color plateado de la luna. A menudo regaña a Natsue por pensar y desear a Johnny.


 Leo

Leo es el hermano mayor de Jasmine, es colega de Johnny, y es demasiado sobre-protector con su hermana. La ve indefensa, dulce e inocente, tiene una idea completamente equivocada de ella. Es muy agradable, es un gran chico, siempre dispuesto a ayudar en los momentos difíciles.
Tiene el pelo rubio, y los ojos almendrados. La tez morena, y una increíble sonrisa.

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